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Tengo fe en el Espíritu de Dios para que revitalice, renueve y restaure mi alma y mi cuerpo. Concediéndome Paz y Salud.

FE Y SALUD

“Si puedes creer, al que cree todo le es posible” – Marcos 9:23

 

 Tengo Fé en el  Espiritu de Dios

No hay poder en el mundo más curativo que el poder de la fe.

Algunas veces pensamos: “Esto es demasiado para mí, mi fe no es suficiente para vencerlo”, pero si nos calmamos y nos entregamos confiadamente en el Espíritu de Dios, saldremos victoriosos.

La fe de Jesucristo nos dirá en secreto:

“Todo es posible”. Si nos sosegamos y confiamos, sus palabras y su fe echarán raíces en nuestra alma, crecerán y darán fruto en nosotros, hasta que nos convencemos que con Él todas las cosas son posibles.

Jesús fué por caminos sanando a los enfermos.

Curó a los leprosos, redimió a Magdalena, resucitó al hijo de la viuda.

Pedro, confiando en su Señor, desarrolló tal fe, que aún su sombra al caer sobre un enfermo lo sanaba.

Por medio del poder de Jesucristo, tú también puedes profundizar y aumentar tu fe.

Jesús conocía el poder que existe en el ser humano para curar y dar vida.

El tenía conocimiento completo de que el Espíritu de Dios vivia en El y en todos Espíritu de vida y fuerza.

Este conocimiento puede también ser tuyo, puedes invocarlo y hacer que se manifieste mediante tu fe profunda en el Señor.

El Espíritu de Dios, es Espíritu de vida y fuerza que siempre responde a tus oraciones.

Cuando necesites valor y fe, pídelos, invocando el Espíritu de Dios e inmediatamente los recibirás.

Puedes demostrar perfecta salud, puedes ser el conducto por donde este poder curativo fluya y bendiga a otros.

El Espíritu de Dios en tí es un manantial de vida.

Un manantial cuyo flujo inagotable de agua viva purifica, sana y rejuvenece el alma y el cuerpo.

Es una fuerza poderosa, una fuente inagotable de energía y perseverancia en la que siempre encontrarás lo que necesites para afrontar todas las penas y exigencias de la vida.

Es grato saber que no tenemos que depender de poderes humanos falibles y limitados.

Llevas dentro de tí la fuente espiritual de la vida.

Tú eres una manifestación individualizada de ese poder universal que demostró Jesucristo tan sublimemente.

“Brotará repentinamente el remedio para tu mal” esta es la promesa Divina.

Por medio de la tranqulidad y el sosiego de tu alma, y cerrando las puertas de tu mente al clamor y a los sinsabores de la vida, entras en el santuario del Espíritu de Dios, en el retiro del Altísimo.

Allí todo es paz, quietud, bienestar.

Allí el suave calor del Señor te vivifica y renueva.

Tengo Fé en el Espiritu de Dios…

Tu cuerpo adquiere salud, tu alma obtendrá paz y esperanza en la Misericordia Divina.

Cuando tu fe es profunda y la unes con el Padre Todopoderoso, el Espíritu de la Salud Divina envuelve tu ser.

Una vez que te pones en armonía con Dios, Recibes su poder sanador.

El espíritu de Dios no hace distinción, cura y vivifica al ser humano, y por lo tanto a todo ser viviente, pues en todo el universo está Su Espíritu.

Tan cierto como el amanecer de todos los días, es el hecho de que si das testimonio verdadero y con fe sincera.

Por consiguiente quedará establecido, gracias a la voluntad divina la vida abundante y perfección para todos.

El Señor está ávido por demostrar su amor dándonos salud y perfección a toda hora.

Ora con fe y confía en que se cumplirá la promesa de Dios.

Por medio de la fe y la oración ferviente, avivarás el Espíritu de vida y la solución a tu problema pronto se presentará.

La vida eterna de Dios, tiene poder para sanar a todas horas.

Ora, Espera, Afirma y Acepta